Durante los últimos años, muchas organizaciones apostaron fuerte a la tecnología con la expectativa de lograr saltos de productividad del 30 o 40%. Pero la realidad fue distinta: el incremento promedio apenas ronda el 5 o 10%. Esa brecha entre lo esperado y lo logrado revela algo profundo. El problema ya no es técnico. Es cultural.
1️⃣ La forma de trabajar cambió, pero la mentalidad no
Aunque el trabajo remoto y los modelos híbridos ya son parte del paisaje, la mayoría de las empresas todavía operan con lógicas del pasado. Siguen midiendo la presencia, los horarios y las horas conectadas, como si el valor del trabajo dependiera del tiempo invertido, y no del impacto generado.
El verdadero cambio pendiente es pasar de controlar tareas a desarrollar confianza. De medir “input/output” a valorar resultados, aprendizaje y evolución.
2️⃣ El liderazgo que inspira no controla, confía
Muchos managers aún sienten que “pagarle a alguien” implica verlo activo frente a una pantalla. Pero el liderazgo auténtico no se construye desde el control, sino desde la confianza y la claridad de propósito. Un líder inspirador no necesita vigilar; sabe alinear, guiar y dar espacio para que otros brillen.
Liderar hoy implica una nueva competencia: gestionar autonomía con sentido. Porque el rendimiento no se impone, se inspira.
3️⃣ De la era del talento a la era del potencial
Durante años, el mundo corporativo se obsesionó con “atraer talento”. Pero en un entorno que cambia tan rápido, el talento tiene fecha de vencimiento. Lo que alguien sabe hacer hoy puede volverse irrelevante en pocos meses.
Por eso estamos entrando en una nueva etapa: la era del potencial. Las empresas que prosperen serán aquellas capaces de detectar no solo lo que una persona puede hacer ahora, sino lo que puede llegar a ser en los próximos años.
Y eso exige mirar más allá del currículum: valorar la curiosidad, la inteligencia emocional, la apertura al aprendizaje y la capacidad de adaptación. En otras palabras, poner en el centro lo más humano.
🌱 Una nueva mirada del liderazgo
Desde mi experiencia acompañando a líderes en Nueva York, París y Buenos Aires, estoy convencido de que el futuro del liderazgo no depende de tener más talento, sino de cultivar el potencial —propio y ajeno—.
Las organizaciones del mañana no se construirán con personas que “cumplen horario”, sino con personas que aprenden, se reinventan y encuentran sentido en lo que hacen.
El liderazgo que viene se define así: 👉 Menos control, más confianza. 👉 Menos títulos, más crecimiento. 👉 Menos tareas, más propósito.
www.coachleo.com.ar